Así avanza el desarrollo de la digitalización de la economía en el país
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Por: Floribeth González
Periodista y asesora de relaciones públicas. Mentora de marca personal para líderes, con más de 15 años de experiencia.
Durante años he escuchado a empresarios y altos ejecutivos repetir una idea peligrosa: “yo no necesito construir una marca personal, mi trabajo habla por mí”. Entiendo de dónde viene. Es cómoda, incluso lógica. Pero hoy, en un entorno donde la atención es escasa y la competencia es permanente, esa creencia no solo es ingenua, sino que puede resultar costosa.
De seguro usted conoce casos en los que una firma de abogados o una empresa de logística – por dar ejemplos – con 20 o 30 años de trayectoria pensó que tenía el mercado controlado, hasta que apareció una nueva empresa, sin tanto camino recorrido, pero con mucha presencia de marca en medios y redes. En cuestión de meses, desbancó a la firma tradicional. Y lo mismo con profesionales independientes o, incluso, entre colaboradores de una compañía: una persona que se sabe mostrar (aka vender), gana.
En mi experiencia como asesora de relaciones públicas he comprendido que la marca personal no es sólo para famosos ni consiste en un ejercicio de exposición superficial. Es control de percepción. Cuando los demás me perciben como quiero ser percibido (útil, capaz, creativo, recursivo, resolutivo, proactivo, buen comunicador y seguro de mí mismo, etc.), las puertas se abren solas.
Ahora bien, el punto de partida es este: todas las personas tenemos una marca personal, la gestionemos intencionadamente o no. Cada decisión, cada silencio, cada interacción, cada posteo, cada proyecto, cada conversación construye una narrativa sobre quién soy profesionalmente. Todos esos espacios son una perfecta ocasión para dejar clara cuál es nuestra propuesta de valor.
He visto líderes brillantes quedarse fuera de oportunidades simplemente porque nadie entendía con claridad qué hacían o qué valor aportaban. No es un problema de talento, es de comunicación y visibilidad estratégica. Hoy, hacer bien el trabajo es apenas el punto de partida. La clave está en que el mercado — interno o externo — pueda leer nuestro valor.
Otro error frecuente es reducir la marca personal a redes sociales. La reputación se construye también en una sala de juntas, en una negociación, en cómo lidero un equipo o en cómo otros hablan de mí cuando no estoy presente. Pensar que todo ocurre en digital es ignorar la mitad del juego.
Y ahora que hablamos de redes sociales, quisiera abordar un tema que me preocupa: la confusión entre autenticidad y sobreexposición. Ser auténtico no significa contar todo ni renunciar a nuestra privacidad. Significa ser coherente. La confianza no se construye con confesiones constantes, sino al ser consistente en el tiempo. La reputación sigue siendo un activo de largo plazo.
El tercer error – o mito – que suelo encontrar en mis sesiones exploratorias o capacitaciones empresariales es que muchos ejecutivos rechazan trabajar su marca personal porque la asocian con ego. Pero la verdadera marca personal no trata de “hablar de mí”, sino de generar valor para otros. De hecho, el contenido útil y la experiencia compartida tienen mucho más peso que cualquier intento de autopromoción vacía.
Entonces, la pregunta no es si debería trabajar su marca personal. La pregunta real es si está dispuesto a dejar su reputación al azar.
Como experta en personal branding, lo veo todos los días: no gana quien más ruido hace, sino quien logra que las personas correctas entiendan su valor.
Y usted, ¿está gestionando su marca… o está dejando que otros la definan?
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