Fascistas y comunistas; Una polarización populista y mal planteada

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Por: Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador

Por: Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D
Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador

De manera lamentable y en términos actuales, es común observar cada vez más una sociedad que tristemente parece polarizarse en dos extremos, esto basado en aspectos ideológicos, económicos, comerciales y claro está, de tinte político. En esta dinámica y de forma deplorable surge un discurso social, tanto de la masa conductual, así como de algunas autoridades gubernamentales, donde se intenta encasillar, y casi crear una ambivalencia de pensamiento entre la ciudadanía, todo en función de la percepción del modelo de estado y de mercado que se decide creer, no obstante, la realidad pragmática y etimológica utilizada parece ser otra.

En meses recientes parecen haber aflorado dos odiosos agrupamientos de carácter extremo, los cuales, alimentados por una falta de capacidad de dialogar y por un discurso político amenazante y hasta violento, han calado en el consciente colectivo, generando una reprochable clasificación ideológica dada por las ideas de ser comunista o fascista, conceptos que por su definición misma se contraponen tanto en el fondo como en forma, y obviamente, representan posiciones extremistas de corrientes ideológicas casi extintas y probadas inútiles en la práctica.

Acá es conveniente realizar un análisis estrictamente técnico de ambas tendencias o conceptualizaciones, donde el comunismo, siendo una idea casi utópica, la cual tiene un base bastante marcada en el materialismo científico y en la propiedad común, busca en su extremo más potente la desaparición de clases sociales, la eliminación del libre mercado y el capital, para pasar a un comercio comunitario, donde la repartición de la riqueza y la producción sea igual para todos los participantes sin importar el grado de esfuerzo.  Curiosamente, en uno de sus postulados más interesantes consiste, y dentro de esta concepción extremista, en la desaparición del estado, y más bien, la masa proletaria pasa a ser la que domina el capital y el mercado, buscando en esencia la extinción del gobierno en su figura estatista.

En la otra línea de pensamiento, entiéndase el fascismo, sus postulados son claramente diferentes, esto pues, en esta corriente se enfoca en lo que parece ser un cuasi culto al yo, donde el extremismo se da con base en el control e imposición de una idea nacionalista y totalitarista de control, donde el comercio y el mercado son controlados por una entidad superior al mismo estado, o bien por este último, pero un manejo eficiente del mercantilismo. La protección a la idea de nación y a sus habitantes de pensamiento congruente con esta posición es sumamente fuerte, y donde de manera interesante se predica el crecimiento del estado para un mayor control y sometimiento a la dinámica instaurada. (Aclaración, ambos, comunismo y fascismo son nefastos).

Ahora bien, llama poderosamente la atención que se llame fascista a una persona que crea en la reducción del estado, en la apertura de mercados y en la liberalización de trámites burocráticos, esto en aras de aumentar la riqueza privada, que, dicho sea de paso, es el sector que genera mayor oferta laboral y bienestar económico. De igual forma, es risorio observar que se quiera etiquetar de comunistas a personas que creen en el control estatal, en los monopolios públicos y la imposición ideológica de corrientes de pensamiento moral o social, cuando la misma doctrina comunista busca la eliminación de clases y la desaparición final del estado, claro está, en una concepción extrema de su aplicación.

En este orden de ideas, es evidente el mal manejo técnico y etimológico de las odiosas etiquetas que se han pretendido utilizar por parte de un grupo u otro, donde no solamente su aplicabilidad es errónea, sino también, poco o nada parecen tener con la posición final que una persona pudiese tener en referencia a su idea del mejor funcionamiento del estado y del país. En este punto cabe señalar que, y de haber una polarización de pensamiento político-económico, quizás el enfoque sería una separación entre estatistas-socialistas y liberales-conservadores, que poco o nada tienen que ver con las teorías antes señaladas (comunismo y fascismo), y donde, a pesar de contar con puntos divergentes, también podrían encontrar algún punto medio.

Los primeros señalan un enfoque hacia el crecimiento del estado y la reducción de la propiedad privada, la desaparición o reducción de capital privado y la imposición de pensamiento estatista controlado, mientras que los segundos buscan la disminución del aparato estatal, la existencia de normas civiles de convivencia, el libre mercado y la liberalización, claro está, esto en enfoques algo más extremos, donde podría existir un terreno común, siempre y cuando se disponga el dialogo y la eliminación de las posiciones extremas que en nada benefician a la sociedad.

Sin duda es triste observar una sociedad que se desgarra a sí misma por la asignación de etiquetas de pensamiento económico y político, pero más aún, es casi inverosímil que esta nefasta clasificación se haga con asignaciones conceptuales y calificativas que ni siquiera se comprenden, y que terminan por dividir y generar lesividad en un país que clama por conocimiento.

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