De la lechería al turismo, la apuesta familiar que dio vida a Kapok Puentes Colgantes
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Durante años, la actividad lechera fue la base económica de la familia de Jorge Arce Salas. Pero una finca que utilizaban para descansar terminó abriendo una nueva inquietud. Fue desarrollar un proyecto turístico alrededor de los puentes colgantes, la naturaleza y una experiencia pensada para quienes buscan tranquilidad en Sarapiquí.
La propiedad había sido adquirida hace aproximadamente 25 años y, durante mucho tiempo, funcionó principalmente como un espacio para compartir en familia. Había una pequeña casa, un sendero y un entorno natural que poco a poco comenzó a mostrarles otra posibilidad.
“Venimos de la actividad lechera y sentíamos como una necesidad de cambiar, de hacer otro tipo de actividad, no estar en solo una línea. Entonces tomamos la decisión por el turismo”, recuerda don Jorge, vocero de Kapok Hanging Bridges.
Esta decisión no implicó que la familia abandonara la lechería.
Precisamente, para la familia de don Jorge, esa actividad continúa siendo una de las bases de su economía. Lo que buscaban era diversificar y abrir una nueva opción que también permitiera integrar a otros miembros de la familia.
“Nosotros lo que hicimos fue diversificar”, explica Arce, quien señala que parte de la motivación consistió en crear una actividad en la que sus hijas pudieran involucrarse con mayor facilidad y que complementara el trabajo que ya realizaban.
Don Jorge menciona que Kapok comenzó aprovechando lo que ya existía en la propiedad y realizando pequeñas mejoras.
Por ejemplo, la casa y el sendero inicial funcionaron como punto de partida, pero llegó un momento en el que la familia tuvo que tomar una decisión de mayor escala. Fue construir los puentes colgantes.
Ese paso significó pasar de una idea todavía incipiente a una inversión mucho más clara y arriesgada.
“Tomamos la decisión de hacer los puentes. Que fue la mayor decisión. Ahí fue donde dijimos: ‘hagamos los puentes’. Ya eso era un riesgo, ya eso sí era invertir y arriesgarse”, relata Arce.
Añade que, una vez construidos los puentes colgantes, comenzaron a aparecer nuevas posibilidades. Entre ellos, más senderos, jardines, y nuevos espacios.
Sin embargo, Arce reconoce que el crecimiento del proyecto no respondió necesariamente a un plan previamente estructurado. La iniciativa fue tomando forma conforme avanzaban y detectaban nuevas oportunidades, afirmó.
“Casi no hubo ni planificación ni nada, fue una cosa, así como hagamos cosas y hagamos”, admite el empresario.
Para don Jorge, ese proceso también les dejó aprendizajes. Un ejemplo de ello fue que cuando buena parte de la construcción estuvo terminada, la familia se dio cuenta de que había dejado rezagada una pieza importante. Era la promoción del proyecto para atraer visitantes.
Arce reconoce que la comunicación y la publicidad debieron avanzar paralelamente con el desarrollo de los puentes colgantes y del resto de la infraestructura. Hoy considera ese proceso como parte natural del aprendizaje de un emprendimiento joven.






Aunque la finca forma parte de la historia familiar desde hace aproximadamente 25 años, Kapok Hanging Bridges como proyecto turístico tiene cerca de dos años y medio.
Arce describe esta etapa como un periodo de aprendizaje y maduración.
Específicamente, el crecimiento en visitantes ha sido progresivo y, lejos de verlo únicamente como una limitación, considera que eso les ha permitido ajustar la operación y prepararse mejor.
“Estamos en una etapa de aprendizaje. A veces sentimos que, si hubiéramos hecho mucha publicidad y nos llega mucha gente, nos podríamos haber visto hasta en problemas”, reconoce.
A nivel de la operación, esta mantiene un marcado carácter familiar. Ello porque son los propios integrantes de la familia quienes atienden distintas áreas del negocio, incluida la cocina y otros servicios asociados a la experiencia de visitar los puentes colgantes.
Para Arce, ese proceso ha generado un resultado que trasciende la parte económica. “Hay algo muy importante y de mucho valor, y es que esto ha unido más a la familia. Hemos disfrutado más en familia y eso tiene un valor adicional”, afirma.
Kapok Hanging Bridges reúne actualmente a tres generaciones de una misma familia alrededor del proyecto. Para Arce, esa participación conjunta constituye uno de los principales logros alcanzados hasta ahora.
En ese proceso destaca también el papel de su esposa, Sandra, a quien atribuye una capacidad importante para mantener la cohesión familiar y manejar las diferencias que pueden surgir en cualquier emprendimiento.
“Yo creo que el mayor éxito de una familia es la unidad”, señala Arce.
La frase resume parte de la filosofía con la que mira el crecimiento del negocio, la cual es avanzar, invertir y fortalecer la propuesta turística, pero sin permitir que el proyecto termine afectando las relaciones familiares.
Por eso, considera que Kapok Hanging Bridges no debe medirse únicamente por infraestructura, cantidad de visitantes o ingresos, sino también por la posibilidad de construir un proyecto que pueda compartirse entre generaciones.
El empresario añadió que Kapok también busca diferenciarse dentro de la oferta turística de Sarapiquí.
Esto porque, mientras el cantón es ampliamente reconocido por experiencias asociadas con aventura, rafting y actividades de mayor intensidad, la familia apuesta por otro tipo de visitante.
La propuesta alrededor de los puentes colgantes busca atraer a personas que quieran caminar, observar la montaña, escuchar los sonidos naturales y disfrutar de un entorno tranquilo. “No queremos ruidos ni baile. Queremos que la gente venga y aprecie”, explica Arce.
En este sentido, su visión es atraer principalmente a visitantes interesados en la naturaleza y en experiencias alejadas de ambientes de fiesta. “Estamos apostando a eso. Se pueden ir un rato a la montaña y darse cuenta de lo bello que es”, añade.
Para Arce, esta propuesta también puede ampliar la forma en que se entiende el turismo en Sarapiquí.



El contacto con los turistas también ha cambiado la propia forma en que Arce observa la finca.
Según cuenta, los visitantes extranjeros suelen detenerse con mayor facilidad en pequeños elementos del entorno, como una hormiga, una rana, un ave o cualquier detalle que para una persona que vive permanentemente rodeada de naturaleza puede pasar inadvertido.
Con el tiempo, él mismo comenzó a prestar mayor atención a esos elementos, afirma.
“Hoy sí empiezo a ver cosas pequeñas que tienen tanta importancia como ver una danta, un mono o un chancho”, comenta.
Esa posibilidad de detenerse, observar y aprender forma parte de la experiencia que la familia quiere asociar con los puentes colgantes.
Después de décadas trabajando en la actividad lechera y ahora enfrentando nuevamente el proceso de construir un negocio desde sus primeras etapas, Arce considera que emprender requiere dos condiciones esenciales. Estas son hacer algo que realmente guste y tener paciencia.
“Hagan lo que les gusta, emprendan lo que les gusta y después aprendan a tener paciencia, mucha”, recomienda a los nuevos emprendedores.
Añade que su experiencia le ha enseñado que los negocios no necesariamente se construyen rápidamente y que detrás de cualquier resultado existen años de trabajo, inversión y aprendizaje. Para él, esa realidad también aplica a Kapok Hanging Bridges.
Agrega que El proyecto todavía es joven. Por ello, continúan analizando cuál debe ser su público principal, cómo mejorar la experiencia y qué nuevas posibilidades pueden incorporar para lograr que los visitantes permanezcan más tiempo en la propiedad y tengan mayores oportunidades de observar la naturaleza.
Pero, como ocurrió desde el inicio, la familia continúa avanzando paso a paso.
De una finca pensada originalmente para descansar surgieron senderos. De los senderos llegó la decisión de construir los Puentes Colgantes. De los puentes aparecieron jardines, nuevas ideas y una actividad turística que hoy reúne a varias generaciones de una misma familia.
En medio de ese proceso, una familia dedicada durante años a la lechería encontró una nueva forma de emprender sin abandonar sus raíces.
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