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En el corazón de Sarapiquí, provincia de Heredia, se ubica el Refugio Lapa Verde. Este es un espacio dedicado a la protección del bosque tropical muy húmedo y a la conservación de la biodiversidad de la región.
Con más de 1.800 hectáreas de extensión, este refugio se ha consolidado como un referente en investigación, educación ambiental y conservación comunitaria en la zona de Sarapiquí.
El refugio forma parte de la Fundación Ecovida, de origen suizo, que estableció sus operaciones en el país en 2006 con el propósito de proteger ecosistemas estratégicos para la biodiversidad. Un año más tarde, en 2007, adquirió las primeras tierras en el sector de Chilamate, donde comenzó la restauración de áreas degradadas por décadas de ganadería y tala.
“Cuando llegamos, el terreno era prácticamente un pastizal con pocos árboles aislados”, recordó Jonathan Vega, biólogo del refugio y especialista en herpetología. “Hoy contamos con un 90% de cobertura vegetal en la propiedad, lo que refleja el compromiso y los resultados del trabajo de conservación”, añadió.
En 2011, el refugio amplió su territorio con la compra de fincas colindantes en Pueblo Nuevo, alcanzando su extensión actual de 1.825 hectáreas, convirtiéndose en el área privada de conservación más grande de la zona. Además, forma parte del Corredor Biológico San Juan–La Selva, una franja estratégica que conecta el Parque Nacional Braulio Carrillo con la Estación Biológica Indio Maíz, en Nicaragua.



La Lapa Verde (Ara ambiguus) es la especie bandera del refugio. En peligro de extinción, esta ave emblemática cuenta con una población estimada de apenas 600 individuos en el mundo. Su supervivencia depende de la existencia de bosques maduros con árboles de gran altura, donde anida y se alimenta.
“Nos dimos cuenta de que estábamos dentro del área de distribución de la lapa verde, y decidimos enfocar los esfuerzos de conservación en recuperar su hábitat”, explicó Vega. Agregó que “es una especie bellísima y vulnerable, y trabajar por su protección significa también conservar todo el ecosistema que la sustenta”.
Precisamente, mencionó el biólogo, gracias a los proyectos de reforestación y manejo sostenible, el refugio ha logrado regenerar hábitats críticos y fomentar la presencia de diversas especies. Hasta la fecha, los estudios han registrado alrededor de 800 especies entre flora y fauna dentro del área protegida.
El Refugio Lapa Verde estructura su labor en cuatro ejes. Estos son el operativo, biología y manejo de recursos naturales, extensión y educación. Cada uno de ellos contribuye a la conservación desde una perspectiva integral que combina ciencia, participación social y sostenibilidad.
En el ámbito científico, el refugio desarrolla proyectos de monitoreo de aves rapaces migratorias, anfibios, reptiles, abejas nativas y mamíferos. Uno de los más destacados es el Ecovida Hawk Watch, un observatorio que contabiliza hasta tres millones de aves rapaces cruzando los cielos de Sarapiquí cada año.
Además, Vega lidera el Programa Herpeto, que desde hace cinco años estudia las comunidades de anfibios y reptiles para identificar patrones de comportamiento y diversidad. Otros programas incluyen el monitoreo de mamíferos con cámaras trampa y el estudio de abejas nativas para promover la restauración ecológica con especies locales.



Más allá del bosque, el Refugio impulsa estrategias que integran a las comunidades vecinas en la gestión ambiental. Una de las iniciativas más exitosas es el Fondo Ecovida, que apoya a pequeños ganaderos locales mediante incentivos económicos a cambio de prácticas sostenibles, como la reforestación de quebradas y la protección de humedales.
“Perseguir al cazador no es la solución. Apostamos por generar confianza y vínculos con las familias vecinas para convertirlos en socios de conservación. Cuando la comunidad se involucra, se fortalece la protección del bosque”, afirmó Vega.
El Refugio también desarrolla programas de educación ambiental en escuelas locales. A través de talleres interactivos sobre mamíferos, aves y cámaras trampa, niños y niñas aprenden sobre la fauna del bosque y se convierten en multiplicadores de conciencia ambiental en sus hogares.
“Desde que iniciamos los talleres, no hemos vuelto a perder cámaras trampa. La educación ha sido nuestra mejor herramienta”, añadió el biólogo.
Uno de los proyectos emblemáticos del Refugio es el Festival Alas Viajeras, un evento anual que celebra la migración de aves rapaces y promueve la educación ambiental y el turismo responsable. Durante un mes, se realizan observatorios ambulantes, ferias culturales y charlas con expertos nacionales e internacionales. Este, además, se realiza dentro del marco del Ecofest.
“La migración de aves es un fenómeno espectacular; en un solo día pueden pasar más de 400.000 aves sobre Sarapiquí”, comentó Vega. “Queremos que la gente lo conozca, se maraville y se sienta orgullosa de que esto sucede en su comunidad”.
El festival busca posicionar a Sarapiquí como la cuna del aviturismo en Costa Rica, atrayendo visitantes nacionales y extranjeros interesados en la observación de aves y la naturaleza. Su impacto va más allá de la conservación: también dinamiza la economía local en temporada baja y fortalece la identidad ambiental de la región.
“Más que un área protegida, somos un espacio de encuentro integral, abierto y creativo para la conservación. Cada árbol que se recupera, cada niño que aprende y cada ave que vuelve a volar libre son razones para seguir adelante”, concluyó Vega.
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Què esta sea la oportunidad para resaltar la importancia de las abejas nativas tan desconocidas he indispensables en el ecosistema, y que están seriamente amenazadas por desconocimiento de su inmenso valor para la humanidad en general…