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En el cantón de Sarapiquí, en medio de su verdor característico, nació un emprendimiento que busca sumergir a quienes lo visiten dentro del mundo de las hormigas. Se trata de Hormigas Town.
Precisamente, Leo Ibarra, su fundador y propietario, explicó que se trata de un proyecto que busca acercar al público en la organización y vida social de las hormigas. Ibarra comentó que, para desarrollar este proyecto, convirtió su pasión por estos insectos en una iniciativa de educación, turismo e investigación que muestra cómo las colonias de hormigas funcionan como verdaderas comunidades autosuficientes.
La historia de Hormigas Town comenzó en 2006, cuando Ibarra inició sus estudios sobre el comportamiento de las hormigas. Tras dos años de experimentación y observación constante, logró desarrollar en 2008 un sistema que le permitió mantener colonias vivas y estables, el mismo que hoy sostiene su proyecto en Sarapiquí dentro de las instalaciones de Aguas Bravas.
En 2017, el emprendimiento abrió sus puertas oficialmente, con una propuesta que combina educación ambiental, investigación científica y turismo sostenible. “La idea es que las personas puedan ver a las hormigas de una forma diferente, en detalle, algo que no se logra en una simple caminata por el bosque”, explica Leo.
Actualmente, en Hormigas Town se manejan cinco colonias activas de Atta cephalotes, conocidas popularmente como hormigas cortadoras de hojas. El visitante puede observarlas en su entorno controlado, recorriendo sus “autopistas” en busca de alimento y descubriendo la compleja estructura social que rige su mundo.
Según Ibarra, estas hormigas representan “la organización social más completa en la Tierra”. Cada colonia tiene una sola reina, que es el “motor” del sistema, y puede vivir hasta 25 años y producir miles de huevos cada día. Las obreras se dividen en diferentes castas: mínimas, medias, máximas, exploradoras y soldados. Cada una de ellas cuenta con funciones específicas para garantizar la supervivencia del grupo.
Las obreras medias, por ejemplo, son las encargadas de recolectar hojas, que cortan con sus mandíbulas capaces de soportar hasta 30 veces su peso corporal. Una sola colonia madura puede recolectar hasta 40 kilos de hojas por día.
Dentro del hormiguero, las hormigas procesan el material vegetal para cultivar un hongo del que se alimentan. “Las hojas son solo la materia prima, el verdadero alimento es el néctar que producen los hongos que ellas mismas cultivan”, explicó Leo.
Este sistema simbiótico, conocido como mutualismo hormiga-hongo, es un ejemplo perfecto de equilibrio natural. Los hongos dependen completamente de las hormigas para sobrevivir, y a su vez, ellas obtienen de ellos su fuente de energía.



Según señaló Ibarra, una de las características más fascinantes de estas comunidades es su comunicación a través de feromonas. Estas son sustancias químicas únicas para cada colonia que les permiten orientarse, coordinar tareas y detectar amenazas.
“Si una hormiga de otra colonia entra por error, las demás la reconocen por el olor y la eliminan”, comenta Ibarra. Las feromonas también les sirven para marcar caminos hacia fuentes de alimento o activar mecanismos de defensa en caso de ataques de depredadores o invasiones.
Los soldados, por ejemplo, tienen glándulas que liberan una señal de alarma que puede ser detectada a varios metros de distancia, lo que provoca una movilización inmediata para proteger la colonia.
Pero, ¿cómo nacen las colonias de hormigas? Ibarra señaló que Cada año, las colonias celebran un evento conocido como el vuelo nupcial sincronizado, donde las princesas aladas y los machos abandonan el hormiguero para reproducirse en el aire. Tras la fecundación, los machos mueren y las hembras descienden al suelo para fundar nuevas colonias.
“Solo alrededor del 2% logra establecer una nueva comunidad”, señala Leo. Cada nueva reina lleva en su boca un diminuto fragmento del hongo original, que servirá para iniciar su primer cultivo subterráneo. De ahí surgirán las primeras obreras, encargadas de continuar el ciclo.



Más allá de su estructura social, las hormigas cortadoras cumplen un papel vital en el equilibrio de los ecosistemas tropicales. Contribuyen a la regeneración de los bosques, airean el suelo, transportan materia orgánica y favorecen el crecimiento de nuevas plantas al permitir que la luz llegue al sotobosque.
“Si desaparecieran las hormigas, desaparecerían los bosques”, afirma Ibarra con convicción.
Incluso, investigaciones científicas realizadas en conjunto con universidades nacionales y extranjeras han identificado en los hongos que cultivan estas hormigas sustancias con potencial uso antibiótico, lo que demuestra el valor biológico de su estudio.
Hormigas Town no solo busca asombrar a los visitantes, sino también educar a niños, jóvenes y turistas sobre la importancia de respetar la naturaleza y entender los pequeños engranajes que la sostienen.
El proyecto se ha convertido en un atractivo turístico y educativo de Sarapiquí, que combina ciencia, conservación y una profunda admiración por el trabajo colectivo de las hormigas.
“Las hormigas son maestras de la cooperación. Todo lo hacen por el bien de la colonia. Esa es una lección que nosotros, los humanos, deberíamos aprender”, concluyó Ibarra, propietario de Hormigas Town.



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