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Las ciudades guardan historias en lugares donde casi nadie mira. Grafitis que se superponen con el tiempo, carteles arrancados, manchas de humedad o capas de pintura que registran el paso de los años. Para el fotógrafo documental Luis Diego Ramos, estas huellas forman parte de un archivo visual que revela la memoria cotidiana de la ciudad.
Desde una práctica autodidacta, Ramos ha desarrollado un trabajo que explora la relación entre fotografía, arte contemporáneo y espacio urbano. Su mirada se centra en los elementos más efímeros e informales de la ciudad, aquellos que suelen pasar desapercibidos dentro del paisaje urbano más estandarizado.
Uno de los focos principales de su trabajo son las cajas metálicas de telecomunicaciones que aparecen en calles y aceras. Aunque su función es técnica, estas superficies se convierten con el tiempo en verdaderos lienzos urbanos intervenidos por grafitis, publicidad informal y diversas expresiones visuales espontáneas.
“Registro desde la fotografía la huella, lo efímero y el vestigio. Me interesa observar cómo el tiempo transforma estos espacios y cómo cada nueva intervención cambia el entorno”, señaló el fotógrafo.
A través de la fotografía, el artista documenta estas capas visuales como una especie de arqueología urbana contemporánea, donde cada intervención revela fragmentos de memoria colectiva.
Además de la fotografía, su trabajo se complementa con cartografías urbanas y bitácoras elaboradas a partir de mapas reciclados, objetos encontrados y collages, creando libros-objeto únicos que amplían la narrativa visual de sus recorridos por la ciudad.
“Para muchos son objetos anodinos, pero para mí estas superficies son museos involuntarios que la ciudad construye sin darse cuenta”, concluyó Ramos.



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