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Las empresas familiares constituyen uno de los pilares de la economía mundial. Diversos estudios internacionales estiman que representan entre el 70% y el 90% del PIB global y generan cerca del 60% del empleo, consolidándose como uno de los motores esenciales del desarrollo económico.
Sin embargo, garantizar su continuidad en el tiempo sigue siendo uno de los mayores desafíos del mundo empresarial. De acuerdo con datos compartidos por la firma Savia Studio, alrededor del 30% de las empresas familiares logra pasar con éxito a la segunda generación. Asimismo, menos del 15% alcanza la tercera generación.
Para Felly Salas, directora Fundadora de la firma consultora, este desafío adquiere relevancia en economías como la costarricense. Esto porque el tejido productivo está compuesto mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas con origen familiar.
“En Costa Rica, fortalecer la gestión de las empresas familiares no solo es un desafío empresarial. También es un factor clave para mejorar la productividad, la competitividad y la sostenibilidad del ecosistema empresarial del país”, afirmó Salas.
La especialista explicó que, en las primeras etapas de una empresa familiar, el liderazgo de la persona fundadora y la cercanía entre los miembros de la familia suelen impulsar el crecimiento del negocio. No obstante, conforme la organización crece, también lo hace su complejidad. “Aparecen nuevos mercados, aumenta el número de colaboradores y las decisiones estratégicas requieren estructuras de gestión más sofisticadas”, dijo.
En este contexto, añadió Salas, muchas organizaciones enfrentan retos recurrentes. Entre ellos, la concentración de decisiones en una sola persona, la ausencia de órganos formales de dirección. Así como la falta de claridad entre los roles familiares y empresariales o la dificultad para gestionar la transición generacional.
Ante este escenario, la profesionalización empresarial se convierte en un punto de inflexión para la continuidad del negocio. Este proceso implica institucionalizar la forma en que se toman decisiones estratégicas, fortalecer los mecanismos de supervisión y desarrollar liderazgos organizacionales que trascienden a las personas.
“La profesionalización no significa perder el carácter familiar de la empresa. Al contrario, significa construir las estructuras que permitan que ese legado empresarial pueda sostenerse y evolucionar a lo largo del tiempo”, explicó Salas.
De acuerdo con Salas, uno de los elementos centrales de este proceso es la gobernanza empresarial. Estándares internacionales como la norma ISO 37000 señalan que las organizaciones necesitan estructuras claras que orienten la estrategia, supervisen el desempeño y garanticen la rendición de cuentas. En las empresas familiares, estos sistemas ayudan además a equilibrar la relación entre familia, propiedad y gestión.
Salas añadió que otro factor para la continuidad empresarial es el diálogo entre generaciones. “La transferencia de liderazgo, visión y propósito dentro de la familia empresaria es clave para que el negocio pueda adaptarse a nuevos contextos y oportunidades emergentes”, concluyó.
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