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En el corazón gastronómico de Núcleo Gastro, dentro del desarrollo inmobiliario Núcleo Sabana, se escribe cada día un capítulo más de la historia de Pecorino. Este es un emprendimiento familiar que nació del desempleo, del miedo y, sobre todo, de la convicción de que ningún sueño prospera sin riesgos.
Su propietario, Leonardo Bolaños Monge, resume esta travesía como un viaje íntimo lleno de aprendizajes, sacrificios y satisfacciones que han marcado su vida para siempre.
La historia de Pecorino no surgió desde la comodidad, sino desde un golpe que obligó a replantear el futuro. Tras años trabajando en grandes grupos desarrolladores, Leonardo cumplió 40 años y quedó sin empleo.
Recuerda que encontrar recolocación se volvió más difícil de lo que imaginó. “No sé si por la edad o por qué, pero me costó volver a recolocarme”, menciona.
En medio de la incertidumbre, su esposa propuso emprender. Y no cualquier idea: abrir un restaurante dentro de un mercado gastronómico, inspirados en una experiencia previa que él había ayudado a construir. Allí vio de cerca cómo emprendedores emergentes crecían y prosperaban. Aquello sembró una ilusión.
“Mi esposa cocina muy bien, pero no es chef; y yo soy administrador, mercadólogo… de comida no sabía nada”, admite. Aun así, decidieron contratar asesoría y un chef. Así nació su primer local en Heredia, como un verdadero emprendimiento familiar en el que todos tenían un rol.
Ese primer día del emprendimiento familiar es un recuerdo imborrable para Bolaños. “Vendimos 4.500 colones. Nunca se me olvida”, dice Leonardo.
La cifra, lejos de desalentar, se convirtió en el motor para salir adelante. Los obstáculos eran muchos. Entre ellos, el desconocimiento del sector, trámites, legislación, estandarización, operación y los riesgos habituales del emprender.
Sin embargo, Leonardo recuerda esa etapa como una escuela. “Fue duro, pero muy bonito. Nos permitió crecer como familia y como empresarios”, dijo.
El negocio se fortaleció con la participación diaria de cada miembro de la familia. “No hay día que yo no jale una caja o que no tenga que ir a hacer una compra. Pero uno termina queriendo el negocio”, expresa con orgullo.
Siete años después, la familia opera tres restaurantes. Dos en Heredia (Alma Tica y El Mercato) y uno en San José: Pecorino, ubicado en Núcleo Gastro.
El salto implicó profesionalizar procesos. Entre ellos control de inventarios, estandarización, calidad de insumos, estructura interna y una mejor gestión del talento, uno de los grandes retos del sector gastronómico. “La retención es complicada, especialmente por las temporadas altas en hoteles de playa”, señaló Bolaños.
Pero los avances están a la vista. Uno de los casos que más lo enorgullece es el de una colaboradora que inició como pilera y hoy es jefa de cocina. “Ver ese crecimiento en ellos motiva mucho”, afirmó el empresario.
Actualmente, 18 familias dependen del emprendimiento familiar de los Bolaños. “Poder dar empleo y aportar a la economía del país es una de mis mayores satisfacciones”, afirma.
Al abrir en San José, tenían claro que el mercado capitalino difiere del herediano. “Los gustos y el poder adquisitivo cambian. Eso permite usar ciertos insumos que tienen mayor costo y cuya aceptación aquí es mayor”, explica.
Además, el modelo de mercado gastronómico beneficia al consumidor, considera Bolaños. Esto porque no se cobra impuesto de ventas por operar bajo régimen simplificado. Además, no se cobra impuesto de servicio porque no hay meseros.
“El cliente percibe una diferencia de aproximadamente un 23% respecto a un restaurante tradicional, comiendo igual de bien”, detalla Leonardo.
Adicionalmente, aunque su ubicación es dentro de un centro gastronómico, para Leonardo, operar junto a otros negocios allí no es una amenaza. Al contrario, lo ve como una oportunidad. “Si bien son competencia, también son complemento. Cuando ellos lo hacen bien, me impulsa a mí a hacerlo mejor”, afirma.
Ese dinamismo colectivo, dice, es parte del encanto de Núcleo Gastro.
Más allá de lo financiero, Bolaños afirma que este emprendimiento familiar le ha dado a su familia satisfacciones profundas.
Entre ellas, generar empleo y ver a su equipo crecer; trabajar en familia, apoyándose mutuamente en cada reto; y forjar comunidad, dentro y fuera del restaurante.
En palabras de Leonardo: “cuando hago la balanza entre lo que gané y lo que perdí, estoy muy contento. He ganado más de lo que he dejado”.
Su consejo para quienes están dudando del salto a emprender es directo y sincero. “El que no toma riesgos en la vida va a permanecer siempre en un estatus quo. Va a ser difícil, muy difícil. Pero si uno está convencido del producto y tiene la energía para emprender, los resultados llegan”, resalta.
Sin embargo, también recomienda asesorarse bien, especialmente en la tramitología costarricense, y tener paciencia para ver los frutos.
Pecorino ya cumplió dos años en Núcleo Sabana y los planes futuros apuntan a seguir creciendo. Entre ellos, abrir nuevos locales y, eventualmente, establecer un restaurante independiente, con un concepto más allá del mercado gastronómico.
La historia del emprendimiento familiar de Pecorino continúa y, como desde el primer día, sigue escribiéndose con trabajo, pasión y familia.
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