Últimas Noticias:
Por más de cuatro años, Delmonico’s ha logrado algo que pocos restaurantes jóvenes consiguen: crecer rápido sin perder el espíritu que lo vio nacer. Su historia, contada por su cofundador, Frank Parrales Fonseca, es la de un emprendimiento que surgió casi por accidente y que hoy se consolida como una cadena gastronómica en Costa Rica.
Una idea que nació sin plan… y que cambió la vida de sus fundadores
Frank recuerda el origen de Delmonico’s con total claridad, porque no fue el resultado de un plan estructurado ni de un análisis de mercado. Fue, según él, “algo espontáneo, algo de la noche a la mañana”.
Durante un viaje con amigos a Estados Unidos, un restaurante les llamó la atención por su nombre: Delmonico’s Italian Food.
“Nos encantó ese nombre. Los cuatro dijimos casi al mismo tiempo: ‘¡Qué bueno sería poner un restaurante así!’ Y ahí quedó sembrada la semilla”, recuerda Parrales.
Poco después, Frank y su hermano regresaron a Costa Rica con esa idea revoloteando. Tenían un local vacío y ninguna experiencia en gastronomía. “¿Qué sabíamos de restaurantes? Solo comer. Nada, nada… nada”, confiesa con humor. Pero tenían algo decisivo: ganas de hacer cosas, de emprender, de crear.
En junio de 2021, abrieron el primer Delmonico’s en Curridabat. Un pequeño espacio con una ventanita, cuatro personas trabajando y una lista de errores que, con el tiempo, se convertirían en aprendizajes clave.
El primer capítulo del negocio estuvo lejos del ideal. Las filas eran largas, los tiempos de entrega superaban las dos horas y las quejas eran constantes. Frank no olvida un día en particular: “Yo estaba en una esquina del local, viendo todo colapsar, y me dije: ‘Dios mío, ¿qué estoy haciendo? Yo quiero renunciar.’”
Pero al día siguiente volvieron a abrir. Y al siguiente también.
Ese fue el punto de inflexión. En vez de cerrar, decidieron aprender. Escucharon a los clientes, ajustaron el menú, ordenaron procesos, mejoraron la operación. “Fue un paso a paso para profesionalizarnos”, recuerda.
El esfuerzo rindió frutos. El primer local se expandió a 15 mesas. Dos años después, abrieron el segundo Delmonico’s, en Escazú. Luego llegaron a Escalante, Tamarindo y más recientemente en Núcleo Gastro. Esto les permitió crear una cadena gastronómica.
“Antes éramos nosotros los que buscábamos locales; ahora nos buscan”, dice Frank con un orgullo prudente.
Con cinco restaurantes operando y uno más en camino, su enfoque hoy es distinto. Buscan consolidar, profesionalizar y fortalecer el talento humano de su cadena gastronómica.
“Ya no contratamos por contratar; buscamos gente con expertise, cocineros formados, parrilleros que conocen su oficio. Las cocinas han ido mejorando paso a paso”, señala.
Frank señala que, dentro de su proceso, el mayor reto no fue la operación gastronómica ni la competencia del mercado. Fue el crecimiento. “Trabajar con personas es un arte”, asegura. “Liderar equipos, delegar sin estar presente, motivar, formar cultura organizacional… nada de eso venía en un manual”, añade.
Agrega que “una de las cosas más valiosas que me ha dejado Delmonico’s es la persona que soy ahora. He entendido el liderazgo, he entendido cómo hacer que las cosas se hagan aun cuando no estoy. Eso me lo enseñó mi personal”, afirma.
El otro gran desafío llegó sin advertencia. Se trataba del mundo administrativo. Impuestos, cargas sociales, municipalidades. “Nadie te explica esto en ninguna universidad. Es golpe a golpe. Y uno aprende”, relata.
Aun así, la empresa cuenta con muy poca rotación de personal, un logro excepcional en el sector de restaurantes. “Muchos colaboradores me dicen: ‘jefe, desde que entré aquí soy una mejor persona’. Eso me llena de orgullo”, mencionó Frank.
Cuando se le pregunta qué es lo que más satisfacción le genera, Frank no duda en señalar que es “la persona en la que se convertí. El Frank de hoy es muy diferente al de hace diez años”, reflexiona.
Otro de sus orgullos es poder, mediante su cadena gastronómica, generar empleo para más de 30 familias. “A veces se me olvida que muchas familias dependen de nuestras decisiones. Y eso te impulsa a seguir”.
Además, historias de colaboradores que saldaron deudas, compraron su primera moto o alcanzaron estabilidad económica son, para él, victorias profundas.
Aunque Frank señala que durante los últimos tres años ha repetido que no abrirá más locales, siempre termina haciendo uno nuevo cuando siente que la operación está controlada. Sin embargo, proyecta que en esta ocasión los propietarios del negocio buscan consolidar la operación y sus procesos dentro de toda la cadena gastronómica con la que cuentan para alcanzar una mayor operatividad con los locales actuales.
Paralelamente, trabaja con socios en nuevos conceptos gastronómicos que no llevarán la marca Delmonico’s, pero sí su ADN emprendedor. “Es unir fuerzas y multiplicar conocimiento”, explica.
A quienes sueñan con emprender, pero no se animan, Frank les habla con honestidad: “Si sienten miedo, van por buen camino. Es normal. Yo lo sentí, mi hermano lo sintió, todos lo sienten.”
Añade que el consejo es claro: “en un emprendimiento propio vas a trabajar más, muchísimo más. Los primeros cinco años son de trabajo duro, duro. Pero después viene la recompensa”.
Agrega algo que él mismo aprendió en carne propia. “No esperen a que todo sea perfecto. Empiecen. En el camino ajustan. Al final, quien decide es el cliente”, menciona el empresario.
Delmonico’s no nació en un laboratorio de negocios ni en un plan maestro. Nació de un impulso. Creció entre tropiezos. Pero hoy es una historia de visión, resiliencia y liderazgo humano.
En Núcleo Gastro, en Sabana, este restaurante es testimonio vivo de que las grandes historias de emprendimiento empiezan con una chispa… pero se sostienen con trabajo, humildad y la capacidad de escuchar.



Nuestras Redes Sociales: