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Por: Wilson Calderón, director técnico asociado en ManageEngine Latam.
Costa Rica experimenta un auge en el sector tecnológico. Pero ello trae consigo un riesgo cada vez más probable para las empresas si no se atiende a tiempo. Se trata del burnout en los equipos de Tecnologías de Información (TI).
La Caja Costarricense de Seguro Social registró 3.220 diagnósticos de burnout o síndrome del trabajador quemado en el 2025. Esto muestra que no es un tema exclusivo de una industria, pero la etapa de fuerte expansión que experimenta el sector de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) puede derivar en que los integrantes de sus equipos sean más propensos a este padecimiento.
De acuerdo con Procomer, nueve de cada diez empresas del sector TIC planean diversificar su oferta comercial en el mediano plazo. Esto implica mayores cargas operativas, ampliación de servicios y mayor responsabilidad para equipos técnicos que ya operan a un ritmo alto.
A esto se suma un entorno tecnológico cada vez más complejo con la constante exposición a ciberamenazas. Así como la adopción acelerada de inteligencia artificial, infraestructuras híbridas y expectativas de disponibilidad continua.
En este contexto, los equipos de TI no solo mantienen la operación diaria, sino que también en cierto punto son ese escudo que sostiene la continuidad del negocio.
Cuando los equipos de TI operan de forma permanente en modo de urgencia, el riesgo no es solo humano, sino operativo. La fatiga crónica reduce la capacidad de anticipación y respuesta, justo cuando los entornos tecnológicos exigen mayor estabilidad y control.
El burnout debe ser diagnosticado por un profesional en psicología; no obstante, hay síntomas identificables para solicitar ayuda, por ejemplo:
En general, la prevención del burnout pasa por decisiones estructurales, no solo individuales del colaborador. Las empresas están en la responsabilidad de brindar condiciones laborales idóneas, desde salario justo, cargas realistas y tiempos de descanso adecuados hasta fomentar una cultura de comunicación en donde las personas sientan que pueden expresar su malestar personal o profesional.
Ello, en conjunto pueden desarrollarse estrategias como ejercicios de respiración, redistribución de cargas laborales, pausas activas, entre otras.
No se debe esperar al burnout para accionar, puesto que ya el mero agotamiento incrementa la probabilidad de errores, incidentes de seguridad, tiempos de respuesta más lentos y decisiones reactivas. Reconocer y atender temprano las alertas propician bienestar del colaborador, además de operaciones de TI más resilientes y eficientes, alineadas con el crecimiento que el sector proyecta para los próximos años.
La gran cantidad de tareas y herramientas aisladas, los procesos manuales repetitivos y alta dependencia de la intervención humana de inciden en el desgaste.
Además, la adopción de plataformas unificadas, mayores niveles de automatización, y modelos de operación más predecibles permite reducir tareas de bajo valor, disminuir la reacción constante ante incidentes y liberar tiempo para actividades estratégicas.
Por ejemplo, las soluciones tecnológicas actuales permiten anticipar fallos, detectar anomalías antes de que escalen y priorizar acciones con base en impacto real. Ello dando más tiempo al humano para el análisis y la planificación.
En un país como Costa Rica, que se posiciona como hub tecnológico regional y líder en adopción de tecnologías digitales, el cuido del talento en TI se vuelve un factor crítico de competitividad. Las organizaciones que ignoren el burnout corren el riesgo de enfrentar mayores costos de rotación, pérdida de conocimiento clave y vulnerabilidades operativas.
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