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Cada vez más personas quieren comprar productos que sean seguros para su familia y que tengan un menor impacto en el ambiente. Sin embargo, no siempre es fácil distinguir entre un producto que realmente cumple con criterios de sostenibilidad y otro que simplemente utiliza mensajes o imágenes relacionados con la naturaleza para atraer al consumidor.
Precisamente, en la dinámica de compra cotidiana, es frecuente que los consumidores experimenten la denominada “culpa ambiental” al intentar seleccionar opciones respetuosas con el entorno. Esta inquietud suele aprovecharse mediante el “Efecto Espejo” en el marketing verde, una estrategia comercial donde las marcas reflejan de manera superficial los valores de sostenibilidad que el comprador busca, sin contar con un respaldo técnico o ambiental verificable en sus productos.
Para Silvia Chaves, presidenta de Florex, comentó que “lo importante es que las personas tengan información clara y confiable que les permita tomar mejores decisiones. No se trata de hacer sentir culpable al consumidor ni de complicarle sus decisiones de compra. Se trata de que tenga información para elegir bien. Un producto no es sostenible porque lo diga su publicidad; debe poder demostrarlo con hechos y con información que se pueda verificar”.
“El objetivo no es juzgar ni trasladar una responsabilidad abrumadora a quien realiza las compras del hogar, sino brindarle herramientas objetivas para que pueda diferenciar entre el mercadeo puramente estético y el verdadero compromiso ambiental”, agregó Chaves.
La empresaria destaca que cada decisión de compra representa también una oportunidad para impulsar cambios positivos en el mercado.
“Cuando una persona aprende a leer una etiqueta y a reconocer qué hay detrás de un producto, está cuidando su salud, su economía y el ambiente. Pero, también está enviando un mensaje a las empresas: queremos productos que cumplan lo que prometen. Al aplicar algunas pautas, el consumidor no solo protege su salud y su bolsillo, sino que adquiere el poder de exigir transparencia a la industria a través de su decisión de compra”.
Para evitar interpretaciones erróneas al hacer el supermercado, Chaves recomienda prestar atención a tres elementos fundamentales u orientaciones directas de evaluación al elegir productos de limpieza:
La aplicación constante de estas tres orientaciones genera beneficios directos para el consumidor y no solo tiene impacto ambiental, sino que también puede representar un ahorro para las familias. Un producto debe evaluarse por su eficacia, rendimiento y costo por uso, y no únicamente por su precio o por lo atractivo de su presentación.
En el ámbito económico, esto evita pagar sobreprecios por productos que únicamente simulan ser ecológicos a través de su empaque, optimizando el presupuesto del hogar mediante compras con rendimiento real.
De igual manera, conocer sus ingredientes y seguir correctamente las instrucciones de uso contribuye a proteger la salud de quienes lo utilizan y a prevenir riesgos innecesarios en el hogar. En términos de salud y seguridad en la vivienda, la lectura detallada de ingredientes previene la exposición a sustancias tóxicas, alérgenos o fosfatos nocivos. Asimismo, le otorga al comprador certeza y tranquilidad, asegurándole que su elección respalda procesos productivos transparentes y alineados con la conservación del entorno.
Para Chaves afirmó que “el verdadero avance hacia un consumo responsable requiere tanto de consumidores mejor informados como de empresas comprometidas con la transparencia. Las empresas tenemos la responsabilidad de ofrecer productos seguros, eficaces y con información transparente. No podemos trasladarle toda la responsabilidad al consumidor. La sostenibilidad es un compromiso que debe asumirse desde el diseño del producto, la selección de sus ingredientes y su fabricación, hasta lo que sucede con el envase después de utilizarlo”.
Finalmente, Chaves hizo un llamado a entender que el consumo responsable no significa necesariamente comprar productos más caros, sino aprender a elegir aquellos que ofrecen beneficios reales.
“La sostenibilidad no debería ser un privilegio ni una moda. Debe convertirse en una forma de producir y consumir mejor. Y para lograrlo necesitamos empresas que hagan las cosas bien y consumidores que tengan la información necesaria para reconocerlo. La transición hacia hábitos de consumo más sostenibles se facilita cuando la persona reconoce los indicadores clave en el etiquetado, sustituyendo la incertidumbre por elecciones fundamentadas en la calidad técnica y el beneficio integral del hogar”, concluyó Chaves.
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