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En un contexto donde el ritmo de vida acelerado y las opciones ultraprocesadas dominan la mesa de muchas familias, mantener una buena alimentación se ha convertido en un desafío y una necesidad urgente. Así lo consideran diversos expertos.
Precisamente, especialistas en nutrición recuerdan que comer bien no requiere fórmulas complicadas. Sino que basta con retomar el valor de los alimentos naturales, equilibrar las porciones y fomentar hábitos saludables desde la infancia.
En el marco del Día Mundial de la Alimentación, la FAO también hace un llamado a construir sistemas alimentarios más sostenibles y nutritivos. En Costa Rica, especialistas coinciden en que una forma sencilla de avanzar hacia ese objetivo es valorar los alimentos tradicionales.
El arroz y los frijoles son ejemplo de ello. Juntos forman una proteína vegetal completa y accesible, rica en fibra, hierro, potasio, antioxidantes y vitaminas del complejo B. Además, su combinación favorece la energía, la digestión y la saciedad, lo que los convierte en pilares de la alimentación diaria.
“Nuestros abuelos se alimentaban con arroz, frijoles, tortilla y huevo. Eran comidas completas, accesibles y sabias. Hoy, más que nunca, volver a lo básico es también una forma de transformación alimentaria”, señaló Juan Carlos Sandoval, de La Maquila Lama.
Añade que, el retorno a estos alimentos básicos permite no solo rescatar tradiciones. Sino también combatir la dependencia de productos ultraprocesados que, aunque prácticos, suelen tener un menor valor nutricional.
Por su parte, el nutricionista de Dos Pinos, Francisco Herrera, comentó que la leche sigue siendo reconocida por la comunidad científica como un alimento fundamental en la nutrición humana, gracias a su combinación de proteínas de alto valor biológico, calcio, hierro, ácido fólico, vitaminas A y D, y minerales esenciales como zinc y magnesio.
“Incorporar leche como parte de una alimentación variada puede ser clave porque aporta nutrientes que ayudan a prevenir deficiencias nutricionales y favorecen el bienestar integral. Es un alimento que acompaña a las personas desde la niñez hasta la adultez mayor”, explicó Herrera.
Añadió que la leche apoya la salud en todas las etapas de la vida:
Infancia: contribuye al crecimiento, fortalecimiento de huesos y desarrollo muscular.
Adolescencia: aporta energía y nutrientes en una etapa de alta demanda física y mental.
Adultez: refuerza el sistema inmune y previene la anemia.
Mujeres posmenopáusicas: ayuda a mantener la salud ósea y reducir el riesgo de osteoporosis.
Adultos mayores: favorece la conservación de la masa muscular y mejora la movilidad.
Herrera mencionó que la FAO la considera una fuente esencial de nutrientes. Ello especialmente en comunidades con acceso limitado a proteínas animales, y recomienda entre 2 y 4 porciones diarias según la edad.
Adicionalmente, agregan los especialistas, la buena alimentación no consiste en eliminar grupos de alimentos, sino en aprender a mantener el equilibrio y la moderación. Todo alimento puede formar parte de una dieta saludable si se consume en las porciones adecuadas y con frecuencia controlada.
“La nutrición consciente no se trata de prohibiciones, sino de elecciones conscientes. Cada alimento puede tener un lugar en la dieta, siempre que se disfrute en las porciones adecuadas. Se trata de cuidar la salud sin dejar de lado el placer de comer”, destacó la nutricionista Silvia Sáenz, de Mondelez.
La profesional mencionó que, según el estudio State of Snacking, la mayoría de los consumidores reconoce que comer también tiene un componente emocional. Por ello, integrar la flexibilidad en la forma de alimentarse favorece hábitos sostenibles y reduce la culpa asociada a los “antojos”.
Una dieta equilibrada, añade, debe incluir frutas, vegetales, cereales, proteínas y grasas saludables en proporciones adecuadas. Esto, sin excluir los pequeños placeres, siempre que haya moderación y consciencia.
Para los especialistas, otro tema muy importante es que, en la infancia, una alimentación balanceada es clave para el desarrollo físico, cognitivo y emocional. Sin embargo, los horarios extensos y las rutinas aceleradas pueden dificultar la tarea de ofrecer comidas nutritivas y variadas.
La nutricionista Wendy Arrieta, de Nestlé, y especialista en nutrición infantil, recomienda una serie de prácticas simples para fortalecer los hábitos saludables desde los primeros años:
“La incorporación temprana de frutas y vegetales es fundamental para una nutrición balanceada. Ofrecer alimentos naturales, sin azúcares refinados ni conservantes, permite establecer hábitos saludables desde los primeros años”, subrayó Arrieta.
Añadió que estos consejos permiten que los niños crezcan con una relación positiva con la comida, entendiendo que alimentarse bien no es solo una necesidad, sino una forma de bienestar.
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