Una reflexión del costo de vida en Costa Rica; Datos oficiales versus realidad

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Por: Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador

Por: Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D
Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador

El concepto del costo de vida en una economía funcional refiere a la comparación relativa del ingreso promedio de las personas en contraposición al monto medio del consumo básico y relativo de preferencias en el mercado, es decir, considera la capacidad adquisitiva de los individuos en antagonismo directo de las necesidades de compra para la subsistencia vivencial, pero también considera otras variables tales como el consumo por ocio, ahorro, inversión y deudas.

Para estos efectos, y en aras de determinar un indicador objetivo, deben considerarse aspectos tales como el incremento en los salarios y el ingreso per cápita promedio, temas que refieren al crecimiento de la renta oficial de las personas derivada de una ocupación laboral, así como el rubro total de los réditos que los habitantes reciben en el país, considerando este último otros ingresos adicionales a la generación dada por el empleo de la fuerza laboral, pudiendo devenir de otras actividades formales o informales, pero generadoras de flujos de efectivo para el individuo.

Adicionalmente, para efectos de determinar el costo país, es necesaria la incorporación de las variables del salario mínimo, el cual, según datos de Bloomberg, ronda los $751 para el 2026 en Costa Rica, a lo que vale indicar, es el dato más alto en esta variable para el resto América Latina, no obstante, el dato por si solo pierde validez en su análisis, de no ser contrastado contra su alcance directo en cobertura de consumo de la canasta básica, siendo que para el país y según información de la CEPAL este índice particular detalla un dato de 0.84, implicando que por cada colón recibido de salario mínimo, pueden cubrirse $0.84 en términos de un consumo básico para las personas.

Por otra parte, un indicador de vital importancia para la precisión de la dinámica del costo de vida radica en la inflación, la cual es llamada así siempre que denote un dato positivo, es decir, que señale un incremento en los precios finales de los bienes y servicios en el mercado, y en contraparte, esta se denomina deflación cuando su funcionamiento es a la baja, señalando que la tasa en cuestión es negativa. El dato y según la fuente oficial del país, entiéndase el Banco Central, ronda en -2.5% con algunas leves variaciones, tema que implicaría que en efecto, toda la oferta de productos y bienes intangibles debiese estar más accesible en el consumo para las personas.

Ahora bien, los datos parecen señalar algunos puntos positivos para el país, y que implicarían que la dinámica económica parece ser favorable en términos de consumo para las personas, no obstante, de recién publicación en el ranking internacional Numbeo, el país se ubica como el tercero más caro de América Latina, esto a pesar de contar con el salario mínimo más alto y, al menos de forma oficial, con una deflación. ¿Qué demuestra este indicador?, la respuesta pudiese devenir de datos oficiales que no revelan la realidad económica y funcional de consumo.

Primeramente, resalta un tipo de cambio en extremo bajo, que pesar de que muchas personas lo ven como beneficioso, pues consideran que el colón se aprecia, esto es parcialmente cierto, pues a su vez repercute en un incremento en el costo de producción de bienes y de servucción de servicios, señalando que los precios finales se ven afectados directamente. En paralelo, los salarios no aumentan, puesto que se tiene un dato oficial de deflación, sumado a una relación deuda-PIB que sobrepasa los umbrales para le permisión del incremento. Esto se revela también en la cobertura del salario contra la canasta básica antes mencionada, que no logra sobre pasar el 84%.

Por otra parte, aunque hay quienes señalan que los bienes importados se tornan más baratos al estar el tipo de cambio bajo, esto no repercute en una rebaja de los precios finales del mercado, pues en esencia, aunque para los importadores es más viable y cómodo la gestión de la compra internacional al pagar en un dólar depreciado frente al colón, estos agentes económicos y con justa causa, no están en la obligación de trasladar esta ganancia al mercado en los montos cobrados, sino que con el derecho correspondiente, incrementan el lucro en su operación.

De igual forma, el concepto de los impuestos directos e indirectos al consumo afecta el costo país, manifestándose directamente en el impuesto al valor agregado y el servicio, punto que es revelado al tener que cancelar un 23% en el caso de la compra de alimentos en restaurantes, implicando casi una cuarta parte de la proporción de consumo en la factura final. A este punto debe sumarse otras cargas impositivas que afectan el costo de los bienes, tales como los tributos por la importación, cancelados en cascada y de incidencia múltiple en los precios finales.

Puede señalarse entonces que, aunque los datos oficiales son reales, estos no precisamente engloban todas las aristas de la economía y la dinámica monetaria y financiera del país, siendo el caso que no solamente por plantear la hipótesis ideológica de un colón fuerte ante el dólar, esto repercute automáticamente en una mejora en la calidad de vida, o bien, que por el simple hecho de tener una deflación como dato oficial por parte del gobierno, inexorablemente los precios en el mercado de todos los bienes sean menores. La reflexión radica en la necesidad de informarse y analizar a fondo todas las variables y efectos finales en el consumo personal.

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