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Los bancos del sistema bancario de Costa Rica mantendrán un perfil financiero estable. Esto fundamentado en adecuados niveles de suficiencia patrimonial y liquidez, además de una sólida base depositaria. Estas fortalezas contrastan con las modestas métricas de rentabilidad y de crecimiento del crédito, con balances altamente dolarizados.
Así lo señaló un reciente informe de la firma de calificación de riesgo, Moody’s Local.
La firma añade que la colocación crediticia de los bancos se mantiene modesta y comparativamente inferior a pares regionales. Al cierre del 2025, el incremento de la cartera crediticia bruta fue de 5,5%, menor al 8,1% registrado en el 2024 y por debajo del crecimiento del PIB nominal (≈ 8%), desempeño relacionado con una menor dinámica de la banca creada por ley especial y con el efecto cambiario sobre la colonización de saldos en moneda extranjera que domina los balances de los bancos privados. El crecimiento en el 2025 se sustentó en segmentos minoristas, particularmente consumo, vivienda y vehículos, bajo un enfoque que priorizó sanidad de préstamos sobre volumen.
El informe agrega que los préstamos vencidos se mantuvieron en 2,1% al cierre del 2025, similar a los años previos. Acorde a su naturaleza de mayor riesgo relativo, los deterioros permanecen focalizados en consumo y PYME. Para el 2026, se prevé que el crecimiento continúe moderado, con una calidad de cartera estable, apoyada por una originación prudente y provisiones adecuadas, aunque su trayectoria seguirá condicionada por el ciclo económico y la exposición a segmentos más sensibles a variaciones en las condiciones del mercado.
En términos de estructura, Moody’s señala que la banca pública mantiene carteras diversificadas y colateralizadas, lo que modera su probabilidad de pérdidas, aunque su exposición natural a sectores de interés de políticas públicas podría ejercer presión sobre un coeficiente de morosidad, que se sitúa arriba de la media del sistema bancario. Por su parte, la banca privada presenta exposición a segmentos que normalmente exhiben una morosidad mayor, tales como consumo y tarjeta de crédito, aunque balancea su riesgo a través de una destacada participación en el sector corporativo y empresarial.
La alta dolarización del crédito (27% del total del sistema bancario total, y mayor en la banca privada) es una característica estructural, que podría presionar la calidad de las carteras, dada la relevante proporción del 65% otorgado a deudores con exposición cambiaria. Bajo escenarios de depreciación significativa del colón, se podrían materializar afectaciones en la calidad de préstamos y presionar la posición de capital, especialmente en aquellas entidades con menor capacidad de absorción de pérdidas, de nicho y con mayores posiciones en dólares.
La solvencia del sistema bancario costarricense se mantiene en niveles adecuados, respaldada por políticas prudenciales en la asignación de créditos. Las entidades exhiben una inclinación sistemática por situarse en el nivel de suficiencia patrimonial de normalidad 1 establecido por la regulación, umbral que incluye buffers de conservación y por importancia sistémica, como parte de la reforma orientada a estándares Basilea III, lo cual refuerza la percepción de solidez. No obstante, la rentabilidad consistentemente baja, implica una generación orgánica de capital moderada, lo que, en algunos bancos, limita la capacidad de absorción de pérdidas. En el escenario base, Moody’s Local espera una adecuación de capital sistémica estable (ver Gráfico 3), con holgura respecto al umbral normativo del 10%; sin embargo, presiones moderadas podrían emerger en entidades de menor escala o con modelos de negocios concentrados, si enfrentasen mayores requerimientos de provisiones por deterioro de préstamos.
La rentabilidad del sistema bancario permanece moderada debido a márgenes financieros estrechos, un modesto dinamismo crediticio y un entorno altamente competitivo. El gasto por provisiones continúa al alza y supera estándares regionales, restringiendo los resultados netos y la generación interna de capital. Al cierre de 2025, el ROE fue de 7,0%, con una tendencia creciente durante los últimos 2 cierres (promedio: 5,5%), pero inferior a pares centroamericanos. El ROA se ubicó en 0,9%, impulsado principalmente por la banca privada, mientras que las instituciones estatales continúan mostrando retornos estructuralmente más bajos derivado de esquemas operativos inherentes y a su rol de política pública.
Para el 2026, Moody’s Local espera que la rentabilidad de la banca se estabilice en niveles ajustados. La tendencia de ingresos apunta hacia una transición sobre una mayor generación de comisiones, un reforzamiento de la eficiencia administrativa impulsada por la digitalización y una mejor gestión de riesgos que reduciría los gastos por provisiones. Sin embargo, las mejoras en rentabilidad estarán sujetas a una reducción gradual de tasas de interés y a la consecución de eficiencias operativas.
El sistema bancario costarricense mantiene un perfil de fondeo sustentado en depósitos del público (87% del total de pasivos), concentrado a su vez en un 60% a corto plazo. Esta estructura favorece el costo financiero, aunque incrementa la relevancia de la estabilidad de los depósitos e implica una gestión activa de los costos de financiamiento. En términos de liquidez, el sistema exhibe una holgura sostenida frente a los requerimientos regulatorios, con niveles adecuados para la atención de compromisos de corto plazo a través de una cobertura del 66% en la relación activos líquidos a depósitos a la vista (promedio 2023 y 2024: 67%). Para el futuro previsible, Moody’s Local estima una liquidez suficiente para el cumplimiento de obligaciones de mayor inmediatez; no obstante, la competencia por captación de recursos mantendrá limitados los márgenes financieros.
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