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La industria de alimentos, bebidas y agricultura enfrenta una creciente brecha entre su preparación formal y su capacidad real para responder a los riesgos. Esto porque solo el 62% de las empresas afirma sentirse algo o completamente en control de las causas que originan sus riesgos. Esta es una cifra inferior al 75% registrado en 2024 y al 89% de 2022.
Así lo revela el estudio “Del campo al corazón del consumidor”, elaborado por WTW con base en el “Global Food, Beverage & Agriculture Risk Report 2026”. El estudio recoge la opinión de 450 tomadores de decisión senior de las empresas más grandes del sector en el mundo, con ingresos anuales promedio de US$4,000 millones.
Los resultados muestran que, aunque el 83% de las organizaciones cuenta con un proceso formal de planificación de continuidad del negocio, persisten obstáculos internos que pueden limitar su capacidad de respuesta. El 56% señala que carece de las herramientas y la información necesarias para gestionar sus riesgos, frente al 33% en 2024; el 51% menciona la falta de presupuesto y el 45%, la falta de apoyo a nivel de directorio.
El análisis de WTW señala que Latinoamérica presenta una exposición especialmente alta a diversos riesgos; entre ellos, el climático, la volatilidad de los precios de las materias primas y la dependencia de mercados de exportación. Añade que, a diferencia de otras regiones, donde predomina la producción manufacturera, en América Latina la agricultura tiene un peso igual dentro del sector. A esto se suman presiones relacionadas con el estrés hídrico, los costos energéticos, la inestabilidad arancelaria y la escasez de trabajadores estacionales en algunas zonas.
De acuerdo con el documento, las empresas latinoamericanas fueron más propensas que las de otras regiones a expresar preocupación por el riesgo climático y el costo de los insumos. A escala global, el costo y la disponibilidad de materias primas, energía, fertilizantes y transporte fue identificado como el principal factor externo de riesgo por el 36% de los encuestados, frente al 26% de hace dos años. Además, el 44% manifestó preocupación por las vulnerabilidades de la cadena de suministro y la infraestructura.
Por otra parte, el 84% de las empresas considera que la gestión de riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) será una prioridad durante los próximos dos años. Entre las principales preocupaciones ambientales se encuentran la energía, citada por el 74%; la disponibilidad de recursos naturales como el agua, con el 71%; y el riesgo climático, con el 70%.
El estudio también evidencia brechas de protección, donde destaca que el 48% de las empresas no tiene un seguro específico para el retiro de productos.
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