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Cuando Lizbeth Corrales Campos y su esposo decidieron buscar un negocio propio, todavía no imaginaban que aquella decisión terminaría llevándolos a construir un hotel en Sarapiquí.
La pareja no tenía experiencia en hotelería. Tampoco tenía un plan detallado para ingresar al turismo. Y, según recuerda Corrales, ni siquiera habían sido huéspedes frecuentes de hoteles.
Sin embargo, lo que sí tenía claro la pareja de esposos, era que querían construir algo que les perteneciera.
“Yo le había dicho a mi esposo, ‘Busquemos algo que sea de nosotros’. No me importa donde sea, siempre y cuando sea de nosotros, sin otro tercero”, recuerda Corrales, cofundadora de hotel Ara Ambigua Lodge.
De acuerdo con Lizbeth, el punto de partida estuvo lejos de ser un complejo turístico. Fue una pequeña soda en Sarapiquí.
Lizbeth recuerda que su esposo había visitado la zona de Sarapiquí junto con el padre de Corrales y encontró un comercio dinámico que lo convenció de que allí podía existir una oportunidad. La decisión implicaba dejar atrás lo conocido y trasladarse a una región que, para la familia, significaba comenzar prácticamente desde cero.
La apuesta se hizo con cautela. Él se trasladó primero a Sarapiquí para comprobar si el negocio podía funcionar antes de mover a toda la familia.
Precisamente, la pequeña soda encontró una oportunidad inesperada en una ventana ubicada frente a una parada utilizada por trabajadores de las bananeras. Desde allí comenzaron a vender pollo con frituras, chicharrones de pollo, enyucados y empanadas, entre otras comidas rápidas.
Corrales recuerda aquella ventana como uno de los primeros puntos de inflexión de su historia empresarial. Durante tres meses, su esposo probó el negocio hasta considerar que existía suficiente estabilidad para que el resto de la familia se trasladara a Sarapiquí.
El siguiente paso tampoco estaba originalmente en los planes. Diagonal a la soda funcionaba uno de los restaurantes más reconocidos de la zona en aquel momento, un establecimiento al que llegaban numerosos turistas que visitaban Sarapiquí.
“Yo pasaba mirándolos y decía: ‘Qué dichosos, cómo les llega gente’”, relata.
Sin embargo, tiempo después, el propietario les ofreció alquilar el restaurante. Para Corrales, la oportunidad era evidente; para su esposo, el principal cuestionamiento era cómo financiar el nuevo proyecto.
El dueño del establecimiento terminó facilitándoles la entrada al negocio al permitirles comenzar a operar sin exigirles inmediatamente el dinero necesario para asumirlo.
El resultado del primer fin de semana disipó buena parte de las dudas, ya que lograron generar aproximadamente ¢1 millón en ventas.
Con esos primeros ingresos comenzaron a abastecer el negocio, colocar manteles y mejorar la decoración del restaurante. Además, el crecimiento del negocio también les permitió empezar a pensar en otra necesidad familiar, era dejar de alquilar una casa y adquirir una propiedad propia.
La búsqueda de ese terreno terminaría conduciéndolos hacia la finca donde años después surgiría el hotel Ara Ambigua Lodge.
En aquella propiedad construyeron inicialmente una pequeña cabaña para uso familiar. Pero, señaló Corrales, una noche, mientras permanecían allí, rodeados por el silencio y los sonidos de la naturaleza, surgió una nueva idea.
“Mi esposo dijo, ‘Qué lindo sería hacer algo turístico aquí’. Y entonces yo, como siempre lo empujaba, le dije, ‘Ya, hagámoslo’”, recuerda Corrales.
No obstante, el siguiente obstáculo volvió a ser el financiamiento. La solución fue acudir al banco y solicitar un préstamo. Si el proyecto funcionaba, continuarían desarrollándolo. Si no, afirmó Corrales, su pensamiento era sencillo, y era que buscarían otra manera de aprovechar la propiedad.
Así comenzó la construcción del hotel Ara Ambigua Lodge.
De acuerdo con la emprendedora, la decisión resulta todavía más particular porque ninguno de los dos esposos tenía conocimientos sobre hotelería.
“Nosotros nunca, ni siquiera, habíamos ido a la habitación de un hotel. No buscamos información”, reconoce Corrales.
A pesar de ello, contrataron a una persona para diseñar las primeras instalaciones y construyeron pequeñas cabinas. Con el tiempo descubrirían que algunas decisiones tomadas durante aquella etapa inicial no respondían adecuadamente a las necesidades del negocio, y ese desconocimiento tendría un costo.
“Hubo que remodelar, modificar construcciones y reemplazar materiales. Parte de la madera utilizada, por ejemplo, terminó afectada por comején”, dijo Lizbeth. Precisamente, ella define aquellos primeros años del hotel como un proceso permanente de prueba y error que les costó dinero, tiempo y esfuerzo.
“Cuando usted se mete en una industria tan fuerte, tan delicada como es la hotelería y sin saber absolutamente nada, empieza a hacerlo con ilusión, con todo el amor y creyendo que está haciendo lo mejor. Cuando empieza a enfrentarse con la realidad, es cuando dice, ‘Ay, la pucha’”, relata Corrales.
La pareja de esposos continúo con su proceso de emprendimiento y se dio cuenta que construir las primeras habitaciones del hotel era apenas una parte del reto. El siguiente era que había que conseguir huéspedes.
De acuerdo con Lizbeth, mientras su esposo concentraba buena parte de sus esfuerzos en la operación y el trabajo físico del proyecto, Corrales asumió la tarea de comenzar a posicionar el hotel.
Para ello, ingresaron a la cámara de turismo de la zona, y comenzaron a participar en ferias.
En este camino también la emprendedora se encontró con dificultades. Por ejemplo, en una de las primeras ferias, realizada en el Hotel Herradura, Corrales llegó con brochures, un banner y un folder con fotografías impresas del naciente proyecto. Sin embargo, la impresión que recibió al ingresar fue intimidante. Menciona que, frente a establecimientos mucho más desarrollados y presentaciones profesionales, durante algunos minutos pensó en retirarse.
“Yo dije, ‘No, yo me voy de aquí’. Pero después saqué valor y dije, ‘No, algún día tengo algo igual de bonito. De momento me quedo a lo que venga’”, recordó la propietaria de Ara Ambigua Lodge.
Corrales se quedó en la feria. Hizo contactos. Posteriormente, comenzó un proceso de visitas a agencias de viajes que, desde su perspectiva actual, resultó incluso más difícil que construir algunas de las instalaciones.
Mencionó que a esas reuniones llegaba con su folder de fotografías a ofrecer un hotel prácticamente desconocido y tenía que responder preguntas sobre conceptos comerciales que todavía no dominaba.
Cuando le preguntaban por tarifas rack o tarifas netas, reconoce que no sabía exactamente a qué se referían. Su estrategia era ganar tiempo. Ella respondía que posteriormente enviaría la información y después buscaba cómo resolverla.
A pesas de las dificultades, una persona de la agencia Expediciones Tropicales terminó convirtiéndose en uno de sus principales apoyos durante aquel proceso para Lizbeth. Corrales recuerda que fue de las primeras personas que la recibió con respeto, la orientó y respondió muchas de las consultas que iban surgiendo mientras aprendía cómo funcionaba la industria.
Tiempo después, esa misma agencia la llamó para comunicarle que quería comenzar a trabajar con Ara Ambigua Lodge.
Para la pareja, ese fue uno de los primeros grandes reconocimientos al esfuerzo realizado.



Ara Ambigua Lodge comenzó con ocho habitaciones. Sin embargo, esa cantidad todavía dificultaba atender grupos turísticos. El crecimiento continuó hasta alcanzar 13 habitaciones en el hotel. En ese momento, Corrales comenzó a ofrecer el Hotel con mayor fuerza entre las agencias.
Pero, en ese tiempo había otra dificultad. Era que la familia vivía entonces dentro del propio establecimiento, y cada habitación podía hacer la diferencia.
Cuando llegaba un grupo que requería las 13 habitaciones disponibles, los propietarios desocupaban la suya. Afirma que retiraban sus pertenencias, cerraban el clóset, acondicionaban el espacio como cualquier otra habitación del hotel y trasladaban sus colchones a la lavandería.
“Nosotros dormíamos en la lavandería. Ahí tirábamos unos colchones. A veces, si era fin de semana, todos los chiquillos los mandaba donde mi mamá y nosotros nos quedábamos durmiendo ahí. Y al otro día, vuelva de nuevo”, recuerda Corrales.
La situación se repetiría incluso cuando la familia construyó posteriormente su vivienda. Si existía una sobreventa, las habitaciones de los hijos podían transformarse temporalmente en habitaciones para huéspedes.
Con este proceso, el negocio y la vida familiar avanzaban prácticamente como una sola cosa.
Posteriormente, la expansión de Ara Ambigua Lodge continúo dándose por etapas.
Primero construyeron un rancho donde ofrecían desayunos. Aproximadamente un año después llegó el restaurante del hotel. Posteriormente vendieron otra propiedad familiar para continuar invirtiendo y desarrollar la piscina.
“Ahí fuimos poquito a poco”, resume Corrales.
Actualmente, el hotel Ara Ambigua Lodge cuenta con 50 habitaciones. Además, un salón para eventos con capacidad para 300 personas, otra sala para unas 75 personas, un espacio cercano a la piscina utilizado para actividades como yoga. También, un restaurante con capacidad para aproximadamente 150 personas y una tienda de souvenirs.
El restaurante también se convirtió, según Corrales, en uno de los servicios reconocidos del establecimiento dentro de Sarapiquí.
Esto le ha permitido a la empresa generar, actualmente, 25 empleos directos, además de los empleos indirectos asociados con su operación.
Doña Lizbeth comentó que, durante buena parte de aquella historia, sus hijos crecieron dentro del negocio.
En vacaciones ayudaban a servir desayunos y participaban en distintas tareas del Hotel. Corrales incluso recuerda que les pagaba por ese trabajo como una manera de motivarlos. Con los años, cuando llegó el momento de elegir una carrera universitaria, la experiencia acumulada dentro del negocio terminó influyendo en algunas de sus decisiones.
Una de sus hijas se inclinó por estudiar hotelería, otra área mencionada fue mercadeo y uno de sus hijos encontró interés en la cocina.
Para Corrales, la incorporación de la siguiente generación terminó creando un complemento importante dentro de la empresa y abrió la posibilidad de delegar responsabilidades conforme los fundadores fueron avanzando en edad.
No obstante, reconoce que trabajar en familia también tiene dificultades. “Cuesta mucho trabajar en familia”, señala. A pesar de ello, parte de la permanencia del proyecto, considera, también ha dependido del complemento desarrollado con su esposo desde el inicio.
Corrales se define como la persona que suele observar, relacionarse con otras organizaciones, participar en actividades y regresar al negocio con nuevas ideas. Su esposo, en cambio, ha sido quien tradicionalmente convierte muchas de esas ideas en proyectos concretos. “Ella observa oportunidades; él las ejecuta”, dice. Añade que “yo llego con la idea y él siempre ha sido como el que pone el trabajo, el que está empujando”.
Esa diferencia entre ambos, lejos de convertirse solamente en una fuente de conflicto, terminó funcionando como una división natural de responsabilidades.
“Ha sido un complemento siempre bueno. Yo siento que esa es como la ciencia”, afirma Lizbeth.
Después de años de aprendizaje, Corrales tiene una recomendación principal para quienes actualmente piensan iniciar un negocio. Es informarse antes de comenzar.
La reflexión nace precisamente de los errores cometidos durante los primeros años del hotel. “Primero, hay que informarse”, insiste.
Investigar previamente el mercado, el diseño del negocio, la operación y las características del público puede evitar inversiones innecesarias y ahorrar tiempo.
“Nosotros nos fuimos con esa emoción sin antes ver cómo iba a ser el diseño de esas habitaciones o dónde íbamos a poner esto o lo otro. Entonces usted se evita un montón de tiempo y de dinero que va a gastar en ese proceso”, explica la empresaria hotelera.
Su segunda recomendación es definir desde el inicio cuál será la dirección del negocio y a qué público se quiere atender.
Precisamente, Ara Ambigua Lodge también aprendió esa lección sobre la marcha. Esto porque, narró la emprendedora, durante una etapa inicial abrieron la piscina a visitantes externos y organizaron actividades como karaoke y comidas especiales. Sin embargo, la dinámica comenzó a generar conflictos con los huéspedes que buscaban tranquilidad.
La experiencia los llevó a entender que no todas las oportunidades son compatibles entre sí. “Hay que tener desde un principio esa visión, esa línea; es decir, qué es lo que quiero, por dónde me voy a ir, qué público”, recomienda Corrales.
Ella también considera que emprender requiere energía y disposición para asumir años de trabajo intenso. Por esa razón, señala que el momento de vida en que una persona decide iniciar un proyecto puede influir considerablemente en la experiencia.
Pero, su última reflexión, vuelve al elemento que acompañó a Ara Ambigua Lodge desde el comienzo, y es la familia.
Durante años, reconoce, se quejó porque el negocio impedía tener los fines de semana, celebrar determinadas fechas de manera convencional o salir cuando la mayoría de las familias lo hacía. Esto hasta que una conversación con su esposo cambió su perspectiva.
Él le recordó que, pese al trabajo, pasaban prácticamente todo el tiempo juntos. Corrales comenzó entonces a dejar de pensar que una celebración debía realizarse necesariamente un domingo, durante una Navidad o en una fecha específica. Un cumpleaños podía celebrarse en la mañana, en la noche o cualquier otro día.
“Cualquier día para compartir en familia es muy bueno”, resume.
Después de haber comenzado con una soda, vender comida desde una ventana, asumir un restaurante, comprar una finca sin pensar inicialmente en construir un hotel, aprender sobre hotelería mientras levantaban habitaciones y dormir algunas noches en la lavandería para dejar espacio a los huéspedes, Corrales observa hoy la historia de Ara Ambigua Lodge como un proceso donde negocio y familia resultaron imposibles de separar.
Para ella, más que intentar establecer una frontera absoluta entre ambos mundos, el desafío ha sido aprender a convivir con ellos.
“Usted nunca deja de ser mami y papi aunque estemos dentro del negocio. Entonces hay que tener ese amor, esa resiliencia, todo lo que usted se pueda armar para pensar que somos esposos en medio de una decisión. Primero el amor en la familia para después decir que las otras cosas puedan ir fluyendo”, concluye la cofundadora de Ara Ambigua Lodge.
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