Así proyecta Mapfre Economics el crecimiento de la economía global
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La educación financiera de los menores de edad puede comenzar mucho antes de que reciban su primer salario. Conversaciones familiares sobre el valor del dinero, la diferencia entre necesidades y deseos, el esfuerzo y las metas pueden complementarse con decisiones de planificación que permitan comenzar a construir patrimonio desde los primeros años de vida.
De acuerdo con especialistas señalan que la formación financiera puede desarrollarse desde el hogar mediante experiencias cotidianas. Además, paralelamente, los padres o representantes legales tienen la posibilidad de iniciar inversiones destinadas a objetivos futuros de sus hijos, como educación, vivienda o emprendimientos.
José Daniel Artavia, economista del Banco Nacional, considera que las conversaciones familiares representan oportunidades para brindar a las nuevas generaciones herramientas que les permitan comprender mejor sus decisiones y desarrollar habilidades para el futuro.
Uno de los primeros aprendizajes, señala, consiste en comprender que alcanzar determinadas metas requiere tiempo. En este sentido, enseñar a los niños a esperar por algo que realmente desean permite trabajar conceptos como paciencia, perseverancia y compromiso.
El especialista añade que, a esto se suma la importancia de diferenciar entre una necesidad y un deseo. Las decisiones de compra pueden utilizarse para conversar sobre aquello que realmente se necesita y lo que simplemente se quiere adquirir, fortaleciendo así la capacidad de análisis alrededor del uso del dinero.
Otro aspecto señalado por Artavia es explicar de dónde provienen los recursos. Comprender que el dinero está relacionado con el trabajo, la dedicación y el tiempo permite que los menores reconozcan el valor del esfuerzo y aprendan a utilizar los recursos de manera responsable.
La educación financiera también puede incorporar conversaciones sobre el impacto que tienen las decisiones en otras personas. Compartir, colaborar o destinar parte de los recursos para ayudar a otros permite introducir valores como la empatía y la solidaridad.
Los especialistas añaden que, junto con la formación de hábitos, los padres pueden comenzar a construir recursos para sus hijos. Ello incluso desde que estos son recién nacidos mediante inversiones gestionadas por sus representantes legales.
Tradicionalmente, las inversiones en el mercado bursátil pueden asociarse con personas que ya forman parte de la fuerza laboral o que cuentan con un patrimonio consolidado y altos montos de dinero. Sin embargo, Silvia Jiménez, directora Comercial de Grupo Financiero Mercado de Valores, señala que el horizonte disponible para alcanzar una meta también cumple un papel relevante en la construcción de patrimonio.
“El factor más determinante para el crecimiento financiero no es el nivel de ingresos actuales, sino el plazo disponible para alcanzar los objetivos. El activo más valioso con el que cuenta un recién nacido es el tiempo, el cual permite maximizar los rendimientos y atenuar el impacto de las fluctuaciones del mercado”, señaló Jiménez.
Un ejemplo presentado por la entidad permite ilustrar el efecto que puede tener ese horizonte de largo plazo. Si los padres realizan una inversión inicial de US$10.000 cuando nace su hijo y esos recursos obtienen durante 18 años un rendimiento compuesto de 5,50%, 7,00% o 9,00%, el monto podría alcanzar aproximadamente US$26.200, US$33.800 o US$47.000, respectivamente, sin aportes extraordinarios adicionales.
Los rendimientos utilizados en este ejercicio son escenarios ilustrativos y no están garantizados, por lo que pueden variar según las condiciones del mercado.
De esta manera, una misma inversión inicial podría tener resultados diferentes dependiendo del rendimiento obtenido durante el periodo: alrededor de US$26.200 en el escenario del 5,50%, unos US$33.800 con un 7,00% y aproximadamente US$47.000 con un 9,00%.
Los especialistas añaden que la planificación del patrimonio para los hijos puede estar orientada a necesidades futuras como educación universitaria, desarrollo de emprendimientos o adquisición de una primera vivienda.
Jiménez señala que estas decisiones también pueden convertirse en parte del proceso de aprendizaje financiero dentro de las familias.
“Cada decisión de planificación tomada hoy se convierte en una oportunidad para enseñar a las nuevas generaciones la importancia de la disciplina financiera, la paciencia y la construcción de metas de largo plazo. La mejor herencia no siempre es únicamente económica, sino también la capacidad de comprender cómo construir bienestar y oportunidades para el futuro”, concluyó Jiménez.
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