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Por: Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D
Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador
La asociación de la tenencia y uso de una tarjeta de crédito con referencia a la existencia de deudas insostenibles, el interés en extremo alto, e historias donde las personas terminan en una condición vulnerable por su mal uso, es sin duda evidente, no obstante, vale la pena preguntarse si esta situación es dada por el instrumento en cuestión, o bien, por el mal uso que los tarjetahabientes dan a esta herramienta, así como la falta de conocimiento sobre sus políticas y reglas generales de utilización.
Si bien es cierto, el país experimenta un crecimiento en la morosidad de deudas en créditos comerciales, en especial a más de tres meses plazo, es importante señalar que no parece correcto achacar esta dinámica a la figura de la tarjeta de crédito estrictamente, sino más bien, a su mal uso y administración por parte de sus propietarios, esto en función del incumplimiento de pagos, el atraso en las fechas previstas para la cancelación, o bien, el desconocimiento mismo de la figura contractual y las cláusulas funcionales para su gestión.
En esta línea, primeramente, es fundamental señalar que la tenencia de una tarjeta de crédito no implica una disponibilidad directa y absoluta del quantum monetario aprobado para su consumo, es decir, este instrumento no otorga liquidez a las personas usuarias, sino que funciona a manera de una especie de línea de crédito abierta para la generación de compras en el comercio, la cual requiere ser cancelada en un periodo previamente definido. Entendido esto, puede definirse que esta herramienta crediticia debe ser comprendida como una cuenta de consumo que no conlleva la existencia dineraria actual, y que debe ser pagada al momento del vencimiento, gestión que, al ser diligenciada de dicha forma, no conlleva consigo el devengo de ninguna carga por intereses o atrasos, es decir, la tarjeta de crédito permite el consumo inmediato y su pago posterior sin carga financiera alguna, siempre que se cancele en su totalidad y de contado.
Es precisamente de lo anterior donde inician las distorsiones de uso y los problemas financieros, esto pues, la persona que precisa un mal uso de este instrumento suele dejar de lado la imperiosa necesidad del pago de contado al tiempo del plazo definido, generando así los intereses, tanto corrientes como de mora. Este plazo suele ser dado de forma mensual, generando así la primera fecha de importancia, siendo esta el día de corte, tiempo específico que señala el momento donde la tarjeta realiza una especie de cierre y procede a calcular el total de compras realizadas en el plazo definido.
La fecha anterior suele contemplar periodos mensuales en los cuales se cuantifica el monto pecuniario que la persona debe cancelar, mismo que responde únicamente a las compras realizadas, es decir, no suma ningún elemento adicional por concepto de cargas o multas, salvo en aquellos casos específicos que la tarjeta tenga algún cargo administrativo, tales como comisiones, anualidades u otros, que deben ser comunicados a la persona desde la firma del contrato de adquisición y aceptación de la herramienta. Cabe adicionar que esta fecha de corte no implica el momento máximo de pago que puede utilizarse, sino más bien, hace mención únicamente al límite final del mes para sumar las compras realizadas.
En línea de lo anterior, al arribar a la fecha de corte se establece la segunda fecha de importancia, siendo esta la de pago, la cual debe respetarse en todos sus extremos, pues refiere al último día que puede gestionarse la cancelación de lo consumido sin incurrir en el cobro de intereses, recargos o multas. En caso de que la persona no realice el pago total en este momento, los accesorios empiezan a generarse, observando así el génesis del interés tanto corriente, entiéndase sobre el monto adeudado, así como el moratorio, el cual se da por la no cancelación a tiempo del consumo, generando así los problemas financieros derivados.
Adicionalmente, en caso que la persona solamente cancele al pago mínimo, este claramente no cubre la deuda generada por consumo, implicando la cuantificación de intereses, los cuales, al no ser cubiertos por el monto pagado en cuestión, se capitalizan de forma pasiva, es decir, se suman al saldo deudor, incrementando así la deuda original, lo cual, y en caso de caer en la pésima práctica de cancelar únicamente el mínimo en los meses siguientes, el monto adeudado se incrementa de forma geométrica. No obstante, si se realiza el pago en tiempo y forma, vale señalar que se cuenta con un plazo de crédito libre de todo interés cercano al mes y medio, esto al sumar el tiempo de corte mensual con los días adicionales para el pago, dinámica sumamente funcional para el financiamiento personal y de compra.
Tal cual puede observarse, la tarjeta de crédito al ser bien utilizada es un excelente instrumento de gestión, no obstante, si este es mal gestionado, no se cumplen los plazos, o peor aún, cuando la persona lo utiliza para mantener un estilo de vida totalmente fuera de sus posibilidades, evidentemente las tasas altas de interés y las multas terminan por asfixiar su salud financiera.
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