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El fraude interno (o fraude ocupacional) representa una de las amenazas más costosas y subestimadas para las organizaciones. A diferencia de los ataques externos, proviene de personas dentro de la propia empresa, lo que lo hace más difícil de detectar y más dañino en sus consecuencias financieras y reputacionales.
De acuerdo con la Asociación de Examinadores Certificados en Fraude (ACFE, por sus siglas en inglés), y compartidos por Banco General, las pérdidas medianas por fraude ocupacional en América Latina y el Caribe alcanzan hasta los US$200.000 por caso, siendo la corrupción el esquema más frecuente, presente en el 61% de los casos de la región.
El dato es aún más revelador en términos de recuperación. El 68% de las organizaciones afectadas en la región no logró recuperar nada de lo perdido, mientras que solo el 7% lo recuperaron en su totalidad.
A este panorama se suma el riesgo del acceso a componentes digitales. Empleados con acceso a sistemas críticos pueden alterar registros, filtrar información confidencial o explotar vulnerabilidades en las plataformas financieras de la empresa. Una estrategia de prevención efectiva debe combinar controles financieros con medidas de ciberseguridad robustas, sin desalentar el uso de la digitalización, pero sí promoviéndola de manera segura.
Algunas medidas clave que puede tomar para prevenir el fraude financiero en su empresa son:
“La prevención del fraude interno es una responsabilidad estratégica que combina cultura organizacional, tecnología y controles financieros sólidos. En Banco General, cada cliente es nuestra prioridad, y nuestro compromiso es acompañarlos tanto con soluciones financieras a su medida, como con la orientación que necesitan para proteger lo que han construido,” concluyó Ricardo Dapena, gerente Ejecutivo de Banca de Empresas en Banco General Costa Rica.
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